20120515


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Escrito está:

Vengan a nuestra iglesia. En esta iglesia, no hay problema, usted paga y nosotros perdonamos. Nuestros androides de última generación están alineados al sentido común, son una maravilla de trato despersonalizado. Escoja uno y le brindara la mejor experiencia sensorial, que estará siempre basada en el perfil pedido por su madre para educarlo, sin regaños ni reproches, simplemente la sombra indicada en su cartilla natal. Recuerde que hace mucho tiempo, después de todo y antes que nada, ella pagó el programa que tiene usted asignado y es endémico, pero no incurable.

Usted, no está condenado, y no solo perdonamos, ¡Le creamos un nuevo perfil! en cómodas mensualidades y con tres, sí tres justificantes para pecados veniales y UN mortal… GRATIS CADA MES. Sean bienvenidos a este templo y siéntanse a gusto con un mes a prueba, sin cargo ni cargas, y recuerde que contamos con suficientes sucursales, para que se sienta usted protegido dondequiera que usted se encuentre.

Disfruten nuestros vitrales de colores cambiantes, siempre de acuerdo a su estado de ánimo; nuestras magnificas bancas de madera natural, conectadas al inframundo y canceladas por el obispo mayor y gocen de nuestras reuniones de pre-perdón y post-trauma en las que convivirá con siempre con lo más selecto de nuestra comunidad.

Agnósticos y ateos; sean lo que siempre desearon ser, estén donde siempre quisieron estar. Liberen sus culpas y prejuicios ventrales, aquí y rápido. Sus cuotas al día y ¡crean en lo que quieran ó… en lo que no quieran!
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20120512


Yo celebro, ella conmemora; en un texto fuera de contexto



El tiempo me encontró, estaba caminando afuera de la casa que hace las veces de mi guarida. El reloj se escurría atrás de mí y yo insensible me desliaba fuera de rumbo sin dejar huella en las baldosas. Y en esas estaba cavilando cuando ella, simplemente apareció entre las esquinas de un kiosco, en un callejón obscuro sobre su templete que la sostenía pulcramente lejos del piso. A lo lejos, parecía un ángel voluptuoso ondeando al viento de la tarde, con la cabellera suelta y una falda amplia de colores cenizos con los tonos de los adobes escurridos entre los muros del pueblo. Venía caminando con la frialdad de quien puede y sabe a donde, va ondeando su falda cual pendón y batiendo su bolsa como cetro para la batalla. Y claro que me sobrecogí cuando me cercó, yo siempre había sido un charlatán provocador ante ella, pero ahora me sorprendió porque nunca es lo mismo saber de una hechicera, que conocer a una mujer pérfida. Sus manos ya no eran manos, eran unas garras que me acercaban a un pecho que ardía en coraje y latía beligerante. Sus ojos ahora eran sopletes que me entregaban a sus deseos sin yo desearlo. Y sus labios, solo me pintaban un mar de dientes amenazadores, de los que se escapaban espumantes borbotones espetados, incoherencias aviesas con un tono de su voz desconocido para mí, que se volvió profundo, solo para sobrecogerme. Al tiempo que con un gesto hostil se echó la cabellera sobre el rostro, lo que obscureció aún más sus facciones y sentí sus ojos como dos puñales que me despedazaban entre sus deseos. -¿Y ahora qué?- No alcance a sugerir nada, además, no tenía opción (¡Yo y mis pocas palabras!) cuando ella, tomando la iniciativa y acercando aun más su cara a mi rostro, se despojó de los lentes obscuros con un gesto de desdén. Ahí estaban sus ojos flamígeros viéndome, rebuscando en mi alma. Y me susurró algo que no entendí, pero afirmé con la cabeza. Fue una batalla perdida, que yo celebro y el libro solo conmemora, ya me tenía entre sus garras y debía ser suyo por todo ese fin de semana. La alcance en el estanquillo, la observe, y en un éxtasis de recogimiento, abandono y sin más, solo con mi alma, me encarrile a poseerla (la leyenda siempre es un amor ingrato que se acaba). Nos enfilamos a la habitación, pero antes, pensé en comprar viandas para la batalla; chocolates, cigarros (manque no fumo) y algunos bocadillos ya preparados, que no ensuciaran la cama. Ya encarrilado la observe con detenimiento; la portada era atractiva, pero cuando leí la contraportada me emocioné aun más, ya sabía que me iba a poseer su lectura todo el feriado, extrañando el periódico u otras letras, este era un libro que prometía emociones en las que el tiempo se deslizaría lentamente.



La primera persona en persona, es el anhelo de esta escritura que solo uso para inflar mis ideas sin sustento, obscurecer tantas imágenes en tramas insolubles que inhiben el entendimiento cuando las revuelca mi mente en la prosa barata, que mientras más practico, más me envuelve en la opacidad grisácea de los atardeceres. Ando buscando que decir, algo que no sea el monologo escrito en imperativo íntimo de pasado impersonal, que con una sola idea mueve mi ánimo. Para poder hacerlo, debo ser un ente anónimo que se come a si mismo, en un susurro ignorado que lo consume entre los sueños anónimos que tendré  desde hoy… hasta mañana.



-Me llamó siempre “cariño”, tenía las manos largas y las ideas cortas, nunca de más de un párrafo breve y, si me lo permite señor alcaide; será muy fácil demostrar mi inocencia, yo no la maté, ni se nada de la víctima. Ayer terminó todo y yo, a fin de cuentas, ya estaba ingresado en el manicomio, pintando las paredes de azul y con la brocha, aplacaba mis instintos mientras disimulaba mis lagunas. Porque su nombre, para mí, siempre fue una tumba y tenía algo de niebla entre sombras. Pero que importa si yo siempre sería “cariño” u otro nombre, que no era el mio, susurrado de a poquitos-

Eran como las gotas de miel que se escurren desperdiciadas y te manchan -Lo que no te de yo, no te lo dará la vida- Lo de ella era miel que no disfrutas, son gotas de hiel entre sus palabras mal dichas. Después de tanta intensidad, llegó insulsa a preguntar la hora, ella sudaba y algo le escurría de la comisura de los labios, era la marca de un anzuelo que exigía atención, pero se empecina en vaciarse mientras sus viejos amores, se convertían en odios latentes e inequívocos ¡Que vivan las tortas de mole de guajolote! (Aunque manche las sábanas) Que es tan absurdo que solo puede interpretarse como un símbolo. Empiezo a tener miedo de ella, porque esconde muchas cosas en su silencio, pero no puedo quejarme ¡He vivido de su cariño! Y estoy seguro de saber imaginarla por algún tiempo más.

Miraba con naturalidad los halagos que pasaban de unos a otros sin pena, los toques fortuitos que teníamos y que le encajaba entre visita y visita a territorio comanche, en las que me presumía de su marido y traficaba su permiso de ejercer pasión, mucha pasión. Al tiempo me instaba a olvidarlo pero bien que lo traía impregnado entre las borlas de su falda corta y las pequeñas gotas que perlaban su frente, cuando se ponía nerviosa haciendo el amor y me recordaba que el buen querer, no se deja convencer nunca. Hasta que te desprendes de ti mismo, de las únicas palabras que te ensillan a ella. Siempre está ahí atrás, luminoso y radiante, listo para explotar al menor toque, porque sabe que se puede convertir en nada en un instante y lo único que lo une, es un poco de paciencia en la rara combinación aportada por mi misticismo y su realidad, en la que solo importa el estar cerca e inminentes como honrados milicianos en una batalla contratada. Y todo perfecto hasta que le dio por cambiarme el nombre, y no por el de su marido, sino por el del santo en la feria en la parroquia de barrio, que junto con el azar, tocó a mí oído como albur de fiesta que se concreta en un escueto –Algún día- En que hoy se entrena, para estar muerta en un panteón lleno de flores que controla mi subconsciente. Caminar por la noche fantaseando con la mirada perdida de su personaje que se transfiere de escenario, con la tranquilidad de quien domina la puesta en escena. Y siempre está buscando recuperar todos esos recuerdos que se pueden llegar a encontrar en la búsqueda personal de tantos anhelos que se quedaron en el camino. Rara como su sonrisa, de saber degustar un libro que te atrapa todo un fin de semana. Que yo celebro y ella conmemora.


(Son tres partes, 1 El enamoramiento del libro, que aunque el, para mi es un ella. 2 Una explicación de porqué lo hago y 3, Las notas de la crónica de esta lectura, apoteótica y sublime, en que mezclo la trama del libro, con mi experiencia en la leída sobre la cama, por todo el fin de semana)

20120507

El baúl de los haikus.....


La noche está aquí

Los ruidos se extinguen

Y el frío hiere



Por última vez

Junto al amanecer

Llegó radiante



Las lluvias de ecos

Que aturden al atardecer

Jamás serán voces



La raíz penetra

Enjaulando las piedras

Con gritos mudos



En el límite

Lo estrecha tan cínico

Más allá, la nada



Los vientos se van

Vil, pasa un hálito

Que al aire quieta



Fláccidas en paz

Flores como pendones

Flotan al viento



Hojas de viento

Jugueteando se apuran

Cerca del suelo



En suave alba

De tormentas perfectas

La luz se rasga



Las aves, sin viento

Todas, batiendo sus alas

Vuelan sin llegar



Las gotas rozan

Pétalos, arboles, aves

Con lluvia limpia



Escurre la lluvia

Tiñendo las cortezas

De manchas frescas



En mi derraman

Se disipan recónditos

Cuentos de bosques



El aire delgado

Se pasea entre  las ramas

Y ahí, se turba



Pasan y se escurren

Violentas e imprecisas

Nubes tristes de gris 



Halamos las raíces

Hasta que se vuelven ramas

Y florecen eternas



Bordan los cielos

Dejan la vía rayada

Aves como chispas



Ocres y grises

Pasean entre montañas

Restos de nubes



Una tras otra pasan

Se citan con la vida

Atrás de la sombras





Hojas de otoño

Bajan secas al bosque

Ya es silencio





Nadie duerme aún

El sol no puede ahogar

La razón ciega



Últimas alegrías

Nubes, sin rumbo se van

Hiriendo lomas



Las nubes alegres

Con embozo de cielo

Se pintan de azul



Miro su rostro

Un vahído inmenso

Que escupe niebla



Aquí estamos

Desternillados, porque abajo

No hay nada



Desternilladas

Grandes nubes se burlan

Del bosque seco



Los tiempos vacuos

En una arruga del viento

Sin pasar… se van



Los vientos pasan

Entre nubes espesas

Alegrándolas



Seducidos por

Nubarrones durmiendo

Van los pájaros



Nubes al borde

Presagian en su sombra

Un frio sosiego



Sin preocuparse

El ave alza el vuelo

Deja su nido



El mar se calma

Frescura que desarma

Silencios se abren



El ruido pelea

Al aire de mis palabras

Un cuento se crea



.    El viento fluye

Dejando un silencio

.   Entre las ramas



_   Un raro de azul

Cae sobre el amanecer

_   Desparramado



Rumiando mudo

Mis recelos guardados

Aspiro mi vaho



Fértil encanto

De sol, aire, lluvia, tierra

Deja esa joven



Falta un árbol

Miles de sombras tristes

Llenan su hueco





Vivo, soberbio

Presumiendo su imagen

Labra su pose



La hoja cae grácil

Hasta que hiere al piso

Entonces… muere



Deja su huella

Fugaz firmando el aire

Mientras perece



Algo ha huido

Se desliza sin prisa

En fugaz caída



Cinco mas siete

Y un cierre con cinco

Así es de fácil



Quien es feliz

No cuestiona razones

Ni ve tormentas



Se quedó vacío

Para colmar de brotes

Sus entristeces



Fosca sobre cielo

Sin más mirar que estar

Huye en silencio



Déjate llevar

Escribe el pre-texto

Que será final



Abriendo cofres

Corriendo cerraduras

Deja amar al amor



Abriendo cofres

Arrancando los cerrojos

Deja amar al amor



En un suspiro

Para soñar lo mismo

Dormitaremos



Con un vagido

Intangible y cierto

Nace una flor



Las olas se hunden

Solas desconsoladas

Yo, así… veo al mar



Sobre las dunas

Se nacen tan desiertas

Crestas sin luces



Llueve sin piedad

Truena el ruido al caer

Desamparado



Mientras caen lentas

Las frena sin tocarlas

Su suave aroma



Tan sin sentirlo

El tiempo pasa feliz

Entre las horas



Así, entre brillos

Se derraman las sombras

Atrás del Dios de luz



Tan entre nubes

Se derraman las sombras

Y cuelan los fríos



Chorrean agua los días

Mientras transcurren grises

Con precoz siseo



A darle, que es mole de olla

¿Y yo?

Qué decir si ya lo dijeron todo



Creo que al soñar

Se perdona el color

Duerme la vista



Va el tiempo asaz

Entre la felicidad

Ya sin transcurrir





Detrás los vacíos

Dócil, la flor se cierra

Del frio con sus hojas



Hojas la cobijan
Tirito de frágil flor
Que dócil cierra



Lejos está cerca

La nube al transcurrir

Lenta vive pronta



Silba el viento

Estremeciendo todo

La nube huye



Puesta de niebla

Con el fresco del alba

Despierta una flor



¡Cuantas aves al aire!

Las angustias del viento

Requieren sus alas



Llamando vientos

Se deja caer al aire

Lánguidamente



Mientras vuelo idea

Se van las plumas del ave

Con plan tan ocioso



Niebla que agobia

Tan cerca se esfuma

Que ¡lejos se ve!



Crece la vida

Feliz flor en tu seno

El tiempo viaja



Mujer; semilla,

Fruto, flor y camino,

Diario pendiente


Sin espacio el mar

Desiste en la playa

Su claro hervor



Veniales faltas

Dejan surco profundo

En la conciencia



Causes perdidos

Plantados en el borde

De verde hierba



El edén extingue

Lloros y penas abrumados

De mandas muy idas



Deja en claro

A quien deben temerle

¡Ruge tormenta!



Troncos huecos

Antagonismos rellenos

De orugas plenas



Él hubiera ¡existe!

Cercana fuga del ser

De su existencia



Ingenuo cielo

Echando todo arrojo

Al cubilete



Lejos del cuerpo

Mis brazos buscan tu piel

Sin encontrarla



Tremor cercano

Del ardor contenido

Anhelando salir



Lejos del tiempo

Sombras viajan mi cuerpo

Desamparado



En chapulines

Asados con sal y ajo

Mi poesía se va


Con gracia vacía

Se dejan ver en mi brío

Poemas sin chiste



Negro confuso

Pegada en mí muro

Noche sin rostro



Mutis callados

Rayos despojan cumbres

De sus memorias

                       

Corre siniestro

El tiempo sin sentido

Entre caprichos

20120428

Rendibú


Rendibú



Me quedo sentado frente a una taza de café. Yo solitario, una sombra anónima y vacía, rodeado de iguales que no me conocen. Y estoy así para poder ubicarme en el fondo de la taza, el cuenco donde se marean mis pensamientos:

-¡Gané, gané!-

Solo para quedarme absorto inmediatamente

-Tengo tu cuerpo pero sin su aliento, perdí tu respeto, mi dignidad, la manera de ser: pero eso sí, te vencí, ¡gané…! y es algo que me hace sentir bien-

Bueno, es cierto, al final, nos podríamos haber salvado los dos. Si hubiésemos dejado todo en la ilusión y disfrutáramos simulado que fue cierto, mientras el tiempo… pasaba y nos sosegamos. Pero… si ya te poseía, pues ¿Para qué te tomé?

Tomo el último trago de café y salgo de la cafetería arrastrando mi sombra, no tengo ninguna gana de llegar a encontrarte.

20120425

La velocidad, es una sensación.


La velocidad, es una sensación.



Yo nunca pensé que el destino me llevara a la reja donde ahora cuestiono mis recuerdos y me peleo conmigo mismo ¿Y qué son tantas memorias? ¡Solo ausencias presentes vertidas en su forma más sencilla sobre un café matinal! Distancias obsequiadas de tiempo, en que mis abandonos son parte de lo perdido. Eso es solo lo que se quedó a la mitad, ahí entre lo cierto y lo olvidado, allá donde siento como si el silencio me colmara sin hacer ruido y solo es el arrebato para mi deleite de café con leche. Mientras, bebo sueños y respiro placeres de aventuras contadas en su mejor recuerdo de pocas palabras, de tazas térmicas y tapas inútiles. Estoy en suspenso de lo que pasó, de como las cosas se suceden y hacen de pequeñas historias todo un cuento, que es una verdad diferente cuando estamos solos. Porque acompañados, tejemos las historias lejanas en puntos de agujas muy gruesas. El tejido quiere ser más cerrado y necesitamos tanta luz que no hay claridad que alcance. Quizás al final del relato. Descubramos que todos somos algo distinto, que yacemos en otro y que lo único que no es sencillo es tener respuestas y regresar al retruécano de la existencia. Porque la ironía es consecuencia de la sencillez y la tolerancia de nuestra humanidad, en que solo pagamos con la muerte mientras los recuerdos que son como rescoldos o asientos de café en una taza vaciada que se abandonan. Y estas, mis ausencias, son parte de lo perdido, eso que se quedó a la mitad entre lo cierto y lo olvidado. Siempre están conmigo pero no siempre me siento solo con ellas. Son rutinariamente aburridas y peligrosamente irritantes.



Esto es mi terreno pero fue ayer y ya no me acuerdo, estábamos dispares, sentados entre los dos dominios, su cafetería de caffellatte con galleticas y mi parque, de negro con dos de azúcar, bien cargado y frío. Con la reja que los separa en forma de taza (o, será un corazón) y me recuerda sus formas. El viento comenzó a mover las copas de los arboles, y las figuras sentadas en los bancos del ínterin empezaron a inquietarse, entonces un cortejo fúnebre atravesó la calzada que nos aleja y me llama la atención que entre los del desfile sobresale uno que canta. Una canción campirana que seguro le recuerda al muerto. Ellos ya no pueden platicar y solo les queda una canción para recordarse, pero el muerto contesta llevando el ritmo de la música mientras avanza y se ve como, los que cargan la caja se alinean y acompasan al responso mientras tararean la música y se pasan una botella disimuladamente. ¿Quién dice que una buena conversación necesita tema, y no puede ser un monologo, disciplinado, al borde de un dedal de café exprés?

-¡Qué quieres! Solamente tengo cariños encuadrados entre las baldosas del camino, me tienes encajonado en el tiempo encuadrado entre las aristas del espacio. Me visto para la faena, preparo todo y siempre resulta que se posterga en cada desmanicomialización, cada carcelero sale de trabajar y tiene a un celador que lo encierre en las noches, pero, quedarse de guardia en el fogón un viernes es tan pésimo que ni café hervido es tan malo. Ni ganas de prender fuego para calentarme un té-

Siempre fue así y nunca estaba ahí, solo está el sendero callado. Marcado por piedras inservibles me sella tus formas con las mismas líneas que son el principio de todo, dibuja el paisaje mientras nos encontramos con personas que queremos recordar, para entregarme a un oficio y amarlo, dejarme llevar por el tacto que te desabotona y me lleva a tantos vacíos tan llenos de pisadas anteriores, que se cruzan como victimas del tiempo en que yo escojo los daños, y estas bajas son como texturas que rozan mi cuerpo. Tu voz ordenada y serena se deja resbalar sobre la cabellera flotante, que entre las luces de la tarde, ansiosas se apagan por recuerdos de caminatas anteriores. Me senté y abrí el libro que tenías entre tus piernas para dejarme llevar solo por los olores del vaso junto a mi y las texturas de tu falda cercana, el tacto termina mandando, mientras, recorro con las yemas de los dedos las páginas. Yo, si quiero poseer tu cuerpo, tengo que pagarlo. Entregando el mio y aliñando el tuyo con aceites resbalosos, y si siento que algo me persigue, es solo mi propio pasado que no se resigna a perder su soledad entre este mujerón que eres y mis dedos siempre aquí, siempre en otra parte. Hay quien es en si, todo un vendaval que se desvía en el último momento de la costa.

Soy el secreto, que entre la fe y la razón se siente encerrado en su caminar, me platicaba al tiempo que caminábamos, los dos tomados de la mano, cursis a la antigüita, ella con su tunícula mínima y yo en vilo con mis nervios recorríamos el sendero en curva, lleno de bordes, matices y objeciones olorosas a flores recién regadas. Este es el camino más largo para cruzar la alameda, entre su café y esta banca donde aparque mi alma. Entre las sombras de los árboles que escondían las palabras de los vivos y sus raíces que se alimentan de penas de muerto que se escurren cuando alguien las camina en solitario. Ahora ya no hay tanta gente es sus veredas, que solo cimbran con sus pasos las raíces y espantan los pájaros y los recuerdos míos, nulos, se convierten en vacua presencia y vana compañía que sin vida propia, se arropa de mis penas para hacerlas suyas. Pero ella no puede llorarlas porque son mías. Para cuando salimos de la arboleda, ya era hora de comer, y decidió subir, llegamos a la cima y era demasiado alta, ahí me habló -Déjame bajar- pero no había más que resbalar para llegar más rápido y ahí se veía el tentadero, con tanta gente adentro que no se podían nombrar y opto por señalarla una a una y por colores, llegaremos para desatar a los locos que se habían encajonado tomando el sol, entre los laureles y los manzanos, permanecíamos quietos, esperando las cagadas de los pájaros al pasar la arboleda para decirme que el viaje ha terminado y llegamos a un lugar muerto en que el destino no es muy juicioso con sus decisiones y ahora, ya nadie la camina. Porque vivir es eso que les sucede a todos cuando ella se queda llena de recuerdos y no sabe si el sendero, va o viene, entra o sale del santuario y su objetivo es solo circular la frágil vida de los hombrecitos que la miman y acompañan y claro, se niega a revelar el nombre de su amante. El que la dejó inacabada, para que los pasos la continuaran fluyendo sin pasado ni futuro, solo un eterno hoy en que ningún ágora aprueba enterrar al muerto mientras no hieda. O al que sus cara aun ese húmeda y llorosa cabellera al viento que me tienta.

Eso le entendí, aunque no dijo nada, y solo una fugaz mirada se despidió con un sarcasmo de su humor implacable, pero… ¿Puede ser tan despiadado el humor? Se levantó, sacó un bello revolver pavonado, me disparó entre las costillas, tomó el revolver para guardarlo entre mis ropas y me dejó sentado en la banca en que siempre la observe, y ambos, mirándonos como si siempre lo hubiésemos hecho, nos despedimos de nuestros miedos. Eso si, muy respetuosos porque es bien sabido que no se debe jugar con el miedo ya que es un arma de dos filos que en sus vaivenes nos embrutece mientras nos toca. Tomó camino por el sendero abrazando su bolsa y se fue a buscar unos mariachis para mi cortejo. Y hasta ahí yo, fui yo mismo.

-Él nunca quiso que lo cafetearan, llévenle mariachis al cortejo y ¡tóquenle boleros y pasodobles! Que quiere terminar en un grito, bueno por conocido. Antes de irse a acostar con la nostalgia, y que se lleven su calaca al zompantli para colgarla con las demás-

Todo regresa, pero no siempre, dejen este muerto en paz que tanto miedo le tuvo a la iglesia y pidió que lo enterraran entre la sombra de su torre y un naranjo. Y a su tiempo, aunque reniegue y bien sepa que la reja que los divide, es la cerca del panteón. Déjenlo aparearse con alguien, que no le gusta estar solo. Antes disfrutaba mi gracia y simpatía, ahora desconfío de mi mismo con devoción.

20120331

Atardecer


Atardecer

(Corín Tellado bis)



El atardecer es algo incierto que ni es, ni está. Es el bien de las vísperas en que ya empieza a soplar el viento, mientras, el calor mengua porque en las tardes se sufre con el clima. Aquí son frías y despejadas, se ve el fondo del valle y como avanza la noche manchando de mil tonos de gris el valle; las tardes son como el clítoris de la noche en lo profundo de las piernas abiertas de las cañadas. Ese atardecer, casi noche en que ella solo fue un inconveniente, algo menor lo que cambió todo cuando salimos a caminar una vía sinuosa, llena de polvo, que cuando terminó, nos sorprendió mirando el horizonte. Ella sentada en el filo de una roca que dominaba el paisaje. Era su cumpleaños y ver el horizonte esos días es como respirar con el alma y en esas estábamos cuando después de un silencio me susurró

-Mi vida gira alrededor del sol y cada año se renueva-

-Y eso ¿Te preocupa a ti?, si eres toda una genial metódica - le pregunté

-No, solo busco en la nada, veo signos, señales a lo lejos que me hablan mientras pasa el tiempo, lo difícil es hacer visibles esas señas, darles profundidad y peso. Son como unas escaleras que bajas acompañada de fantasmas, que te persiguen y cada vez te apresuras  más, y en cada descanso aprovechas para ver hacia arriba. Hasta que un descanso te encuentras con un apagador que no funciona y te tienes que aventurar a seguir bajando sin luz ni guía-

-¡Este barco se hunde! Despostillado y todo descascarachado en las nostalgias de una soledad maravillosa- Y se rio, muy forzosa

-Solamente miro el silencio. Siente como se olvida mientras pasa el aire zumbando y ve en el fondo como todo se aleja entre los grises- Y se quedó con la vista perdida y los sentidos abiertos. Con eso siente que escarmentó sus culpas y queda contrita en un ensimismamiento que suena a cosecha perdida.

La noche se acercaba entre los chirridos de los grillos y graznidos de cuervos, y con ellos la obscuridad que avanzaba apabullante, tan llena de sombras en que el tiempo se muere para enfrentarse a la penumbra acompañada. Para poder disimular el miedo en frío, llegó y se durmió el viento. Carraspeó, como para decirme que cambiara el tema porque a final de cuentas solo eran tentaciones en que ella siempre confundía la emoción de estar cerca y ser tocada con el deseo carnal. Y yo con los impulsos que me quedan cortos para permanecer relativamente cuerdo, que siempre habían sido parcos con ella y, así, era de esperarse mientras apenas eran retos que se escapaban como tristezas. Después, un pequeño rasguño que fue la mecha encendida que la detonó, aunque siempre había dicho que nacían muertos sus pecados y se iban del olvido al no me acuerdo. Yo la observaba, su espalda arqueada e invitadora en posición de relax evadido, parecía estar esculpida en el tiempo que la rutina mantenía esplendido. Siempre me gusta observarla por detrás, ella no tiene la culpa y yo no tengo remedio y esto es porque me aterra tocarla, sentirme cerca de la veintena de puntos que no sabría como manejar o para qué sirven. Sus ojos siempre me ponen nervioso con esa mirada tan penetrante que no soporto más que por instantes. Me gusta su espalda, la miríada de pequeñas pecas que forman siluetas y dejan adivinar sus formas mientras se reducen en su cuello y acallan cualquier duda de que al menos, esas pecas son más mías que suyas porque solo yo las veo. Y me cuentan historias de deseos ocultos que son la teoría de conjuntos dispersos, en que delicada y bella se volvía infernal entre el enamoramiento que me producía la conciencia de estarla disfrutando, sentirla mía y al tiempo tenerla tan distante y fría. Solamente con esa aura que es parte luz, parte perfume y nada de tacto. No la alcanzo de tenerla tan cerca, y pasé toda la noche tapando las rendijas por las que se le colaba el frío en el alma, recordando fechas inconcretas y olvidos. Los vientos que pasan quedan entrelazados con mis dedos que se aburren de solo escribir cartas y el tiempo pasa resignado mientras espero algo substancial y ella me platica algo sobre la luna y las estrellas que yo solo alcanzo a afirmar, con pequeños sis que trato que sean confusos para que la incoherencia la haga volver para cuestionarme. Pero solo es un regreso para cuestionarse ella misma, en el que yo no estoy involucrado, que se esconde en un recodo entre las plantas de la terraza que deja ver el camino de subida al mirador y sirve de advertencia para ver si alguien se acerca. Ella es mujer de un solo hombre, al que yo no recuerdo y nadie ha visto, aunque ella insiste en respetar.

Mientras, esto solo es emoción que juega con la palabra nunca… con mucha cautela, en la tentación de querernos, porque aunque muchas personas han entrado, aun quedan lugares vacíos. La montaña es un lugar vacuo donde no encajan los cariños

-Mucho amor, pero falto coraje…- Alcanzó a decirme

-No, ¡No puedes vivir sin deseos!-

-Pero yo… necesito sentir miedo para vivir. Querer por placer esta mal visto ¡Necesito sufrirlo para quedar extinta, padecerlo para estar consumida!-

Ella es la mujer más cariñosa que recuerdo… y no sabe amar. Y los grises se volvieron negros cuando el frío alcanzo a la montaña con la noche en que, ya sin ausencias, caminamos cuesta abajo. Y me dijo, tengo miedo, bajamos en un abrazo, por primera vez íbamos juntos, uno al lado del otro.

20120316

Fátima


Fátima



Es tan fácil imaginar nuestras vidas, que para cuando nos damos cuenta, pues ya son reales y todo es verídico. Todo pasa en un futuro que recordamos como si fuera ayer. Contamos historias para vivirlas, transformarlas en cuentos y aspirar que sobrevivan, tan intensas como el recuerdo.  Imaginamos futuros y recreamos pasados en que todo sucede, lo difícil es ponerles letras, hilarlas y escribirlas para hacerlas creíbles, porque reales, ya son. Pero, cifrar nuestro día sobre la ociosidad de un acto, o sobre la obsolescencia de una idea es pecaminoso ¿Cómo? Viviendo y recordando como si fuera lo más natural del mundo, para dejar que la imaginación estire y afloje las ideas antes de plasmarlas, sino en un cuento al menos en una canción. Sospechar que hay algo detrás de nosotros que nos sigue y motiva para tratar de adivinarlo entre lo que tecleamos. Lo normal y natural es vivir, no imaginar ni soñar con lo que fue y ya no será, ni con lo imposible y escondido entre la tramoya de nuestro escenario. Porque a veces, hay que quedarse quieto y dejar a las cosas sucederse una tras otra para que tomen forma y fuerza. Para que cuando rebasen, nos arroyen entre precuelas y secuelas que nos lleven arrastrados entre su laberinto, este sinfín en que el ocio es la fuerza que nos motiva y mueve, sin dejar de fluir a nuestro lado. Esto, es la mejor de las indigencias y una indulgencia para el alma que quiere contar y sabe que los cuentos deben ser más creíbles que la realidad.



Covadonga tiene una historia que todos saben al dedillo, llena de una lozanía en que fluyen tantos y tantos reclamos juveniles sin satisfacción, para envolverla entre un amor temprano mal resuelto y alegrías bien cantadas. Ahora, es ella misma, una mujer que observa el atardecer desde la ventana de la hostería pueblerina y recuerda, se goza el la imagen de como apareció una sombra aquella primera mañana, después de la luna de miel sobre el altar de sus diez y siete años. Traía una bandeja con pan, café, fruta y una flor, pero en ese mismo lugar, desapareció, simplemente se hizo eterno ausente. Era un lugar viejo, en que se encajono una pasión breve y ahí terminó la gran actuación de un alma pueril. Después todo fue diferente, y ahora… fulminante es Covadonga, hoy si y mañana también, llena de claroscuros que no sabemos si son castigos, lecciones, o tal vez solo premios sin sentido, que nos marcan de esperanzas ciertas que a mi me gustan y mucho.

Fátima fue el consuelo de ese abandono, y cuando la conocí, me fastidiaba. Quizás por eso quise aprender  a amarla. Ella, era la primera de la clase en la escuela, en la fila para entrar a clases daba saltos para dejarse ver, siempre el primer lugar, medía poco menos de uno cincuenta y el peinado no le ayudaba porque las burlas la comparaban con el tapón de sidra que identificaba a su ausente padre como comerciante de vinos españoles y ultramarinos allende el mar o ausente siempre presente, pero desconocido. Y eso lo presumía la asturiana como pocas cosas cuando compartíamos.

Aquí y ahora, hoy en día Fátima mide uno setenta gracias, yo creo, a la manía que tuvo de colgarse de los arboles y hacer malabarismos a mis costillas. Me la encuentro en la calle de vez en vez y mientras duermo, mi mente borra todo lo que desee en el día, se arranca de apetitos y me llena de deseos con todas sus letras, mientras, todo es sacar a flote nuestros sentimientos, arrancarme el oxido para colocarlos en una balsa para dejar que se alejen, ellos solos de a poquitos, se vayan con el viento de sus desgracias. Y si insisten en quedarse cerca es porque estoy vivo y lo único que puedo hacer es permitir que me escolten. Pero, no, ya los solté y son libres.

Su madre, Covadonga, es lo mismo, pero toda chapeada por el sol y siempre está en la huerta presumiendo de incansable. Cuando regresaba de la faena del campo, nos encontrábamos, y la veía pasar con los manojos que recolectaba para el caldero y el pollo amarrado para el sacrificio, me sonreía e invitaba.

Y ahora, me da desasosiego faltar a la cita ¿Cómo evitar no entrar al hogar tan seductor, cálido y húmedo de doña Covadonga? si me había envuelto en algo que yo no sabía que podía ser, un mundo sensual que etéreo se despeinaba en las tardes de ese tiempo, en que hasta un velorio era una celebración.

-Solo me queda este corazón y lo mio siempre fue ímpetu, una fogosidad que no abandono-

Si ya sé que la puerta trasera siempre esta abierta y recuerdo cuando me invito a pasar aquella primera vez y yo le pregunte ¿Para qué? Hoy espero la obscuridad, entro para que todo me recuerde las sombras de Fátima y ya se a lo que voy

–Siente lo que yo siento y cuídate de lo que los demás te digan que al final… yo no cuento- Eso me dice la madre y yo lo quiero escuchar de Fátima. Experiencia y estilo, lo aprendí en su tutela, porque ahora veo en Covadonga a la Fátima de tiempo atrás, en un camposanto de viejas experiencias que me dicen que cuando Covadonga quiere algo, ¡Es terrible!

20120229


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Los recién amados (Estrés del apego)


En pocas palabras se disculpó pintando una silueta suya llorando y la dejó colgada en la parte interna de la puerta, donde no podía dejar de verla y solo era para mis ojos. Era un cartón que me recordaba los que se usaba hace muchos años la camisería, “La perfecta”, cuando enviaban las camisas blancas de papá a casa, perfectamente dobladas y empacadas en un papel manila siempre muy suave, sellado con papel engomado y dentro la camisa doblada sobre este cartón inmaculado. Yo apilaba estos cartoncillos, los guardaba y aprovechaba después, para dibujar porque sentía que eran una moldura para mis trabajos.

Era ella, estilizada a lápiz con la mirada gacha y la lagrima deslizándose sobre el dibujo colgado en el picaporte. La reja a la calle se mantenía cerrada y ahí, varado, estaba su bosquejo como un barco encallado, existiendo por la mañana para naufragar. Y ella, se había ido, desertando desvirgada por la lluvia, entre las hileras interminables de casa iguales que albergan problemas diferentes. El resuello nasal me decía que estaba alterado, nervioso entre los brotes de la enredadera que parecían abrazarme y la interminable angustia del ¡¿Qué pasó?!

Arráncate el corazón para comérmelo y dejarme así, plantado en esta puerta. La de un panteón que se queda con las rejas abiertas y es la cueva donde escondí mis sueños, es así. Ahora no está, como el recuerdo de los días en que se cumplía la norma, en que el camino era una larga bienvenida para un salto al vacío en la obscuridad, mientras doy vueltas y rodeos tratando de encontrar formas en las sombras. ¡No más roturas sin descalabros, regresa que aún hay gente que cree en ti! Gente que aún cree en un Dios que relaciona cosas con eventos que se suceden, cargados de razón apasionada y está dentro de la morada del muerto cuando huyen los pájaros, y solo queda la incuria del silencio. Es un lujo la soledad que llega de a poco y se hace tuya mientras se quiebran las señas de la entrada.

El trayecto al trabajo, esta mañana lo hice andando para darme tiempo de meditar y mascullar mis ideas. La herida es entre el pecho, espalda y madre; me sentí descobijado mientras los recuerdos se acercaban, llegan en rebanadas de existencia y en franjas de luz y sombra que supervisan los contextos en desgastados clichés que califican lo vano de la vanidad y frivoliza su entendimiento. Era un estrés frío que me recorría el cuerpo.

Llegué a la oficina con el tiempo encima, no importaba lo que pasaba porque ahora todo era diferente y aterrador, percibía un sabor amargo en la boca. Recordé el cartón y lo saqué de mi cartera, pensé en guardarlo, abrí el cajón al tiempo que se acercaba Laura, la ejecutiva con quien comparto, le di la vuelta al cartoncillo para ocultarlo de sus ojos y… sorpresa, estaba escrito con lápiz labial rojo. Leí el recado que no había visto antes “Regreso temprano, cuídate”. Para cuando regresé a casa, todo era diferentemente igual, quizás un poco más relajado.
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20120223

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Mi Inés



Si, Inés, siempre es una de las diosas más orgullosas de mi Olimpo y la caracteriza su cuerpo lleno de pecas, al principio yo pensé que solo el rostro las tenía y que tras esos rulos pelirrojos había un conjuro que los hacia brillar mientras subían y bajaban al caminar. Unos seductores rulos fantásticos que hoy, ahora,… ya no son naturales.

Por ella hablaba mi lengua y era, en su reino mágico, la responsable de los castigos al mortal, al expulsado de la fe que decidió premiar. Inés, tropezó con la castidad en su juventud, pero alcanzó a levantarse antes de los diez y siete, siempre en divina discordancia con el ocaso de sus principios y mis halagos. Entre la permanencia del misterio de la diferenciación del sexo, que no por ser primerizo (¡en mi!) se despecha a menos. Mientras ella, mi Inés, solo queda escaldada un par de días en que no nos hablamos de miedo, en que nuestra única relación era el silencio y soñar, ver pasar las horas e imaginar porque los temblores eran de placer, todos absolutos y nuestros. Y aunque después me enteré que se lo contó a Claudia esa misma tarde y hasta lo escenificaron, para ellas no era ningún misterio, y ahí, con la tal Claudia, se terminó de achicharrar sus cositas y verijas. Yo no tuve nada que ver con el descarrío y el secreto dejó de ser de dos cuando, así descubrí que sus sollozos eran de placer y las lagrimas de felicidad y no lo que me preocupaba, que fueran pena y dolor causadas por mi.

Y entonces aprendí que las lágrimas que se escurren de los dos ojos, pues son producto de la risa y las de tristeza solo se dejan escurrir de un solo lado del rostro. El dominante, el que manda señales de tizne y lluvia que entre absoluta y salada solo sirve para minar conciencias. Se escapó de la creación porque ya estaba engendrada desde antes, nació en una agenda de bolsillo cuando la esbozó Zeus, colorada y ardiente. Y su cuna, que era un bosque que nunca nadie se atrevió a manosear; por miedo al contagio de la miel y las frutas que se desparramaban de maduras y eso, ya era desde antes de todo y solo era un esbozo de un Dios, garabateando con lápices de colores.

Después, descubrí que estábamos emparentados los dos y ella no era tan etérea como suponía, lo imaginé cuando vi que teníamos las mismas costumbres. Pero no, ella tenía más mañas pues siempre salió del Edén acompañada de la guardia real, que era más real que guardia. Y aunque estábamos separados por las nubes (cuando había) éramos lo mismo; yo en el recato de una actitud recogida y ella, como una excelente expositora de su exuberancia presumiendo que la melodía que tarareaba era música del cielo

Un día se levantó y se dirigió a la sinuosa cresta en que termina el pueblo, donde se expelen los mortales y se sube al Olimpo. Desapareció como se escapan los gorriones de las jaulas, en un santiamén y sin dejar huella ni rastro. Hasta el tercer día en que regresó a rastras a reclamarme la virginidad (la mía de mi) con sus zapatillas rojas y un vestido blanco que revoloteaba al viento de luminoso. Volteó nerviosa al tiempo que me hablaba, era mi primera vez en esa situación y no iba a negarme con una hija tan bien dotada por sus padres. Nadie dijo nada con palabras y, si, tomé leche, mucha leche, hasta hartarme de sus ardores y mis vergüenzas. Las que limpiábamos con el paño ya arrugado que cubría la almohada, y el sudor de sus urgencias que en vano se disfrazaba de pudor mientras exigía más y se oía el ruido como de caverna llena de golondrinas que se baten, intimando en el amanecer. ¿Donde estábamos? viéndolo todo desde lejos acurrucados en el manto de las nubes que se desparraman entre nuestras, ambas, existencias. Inés acomodó la almohada, extendió las sábanas y se fue del Edén, ahora yo sabía quien era el que estaba flotando en el cielo y ya no tenía miedo, ni temores. Hasta me dejaron de gustar las bullangeras y aprendí a bailar las calmadas. Porque al final, uno se acostumbra al riesgo, pero no al desahucio y basta un segundo, solo una imagen para ser feliz. Esa es mi naturaleza, mientras, estoy dentro de su fábrica de humedad que sale de la nada. Un ensueño que es el paraíso de puertas abiertas con ventanas cerradas, que yo, ya no se donde se perdió.
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20120210


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Clemencia por triplicado
 

Estrella durmió durante tres meses; mientras, todo sucedía y nada transcurría. Cuando despertó renovada, aturdida, parecía apenas el tercer día, la fecha escogida para revivir. Pero entre sueños recuerda que despertando tiene cita en el instituto de calificaciones superiores, donde debe presentarse con el autómata que mide la felicidad en bruto tras tres meses de descanso (castigo) por haber reprobado su “evaluación de programa” tres veces. Tres era el número mágico que todo lo regía en Trípolis.

-¡No es posible!-

El enredijo de cables y mangueras que la mantuvieron en forma los tres meses, se auto desconectó a las tres de mañana. Primero el respirador automático, después la alimentación parenteral. Y para cuando el cuerpo se estabilizó, la  tercera y final; el nebulizador de ondas que blanqueaba sus pensamientos mientras descansaba. Era el amanecer y ella empezó a boquear, buscando emparejar su respiración. Se restregó los ojos y sintió que la sangre empezaba a irrigar su cerebro, una luz le hizo volver a cerrarlos. Era el detector de conciencia que ya empezaba a mandar reportes al TMU (Tercer mando unificado) por medio de la red trifásica haciendo lecturas en el iris de sus ojos. Recordó otra vez, aun entre sueños, la cita que tenía programada en el chip de memoria maestra que le habían implantado el tercer día de viva y que registraba todos sus ritmos y movimientos, era como una urgencia la que tenía por obedecer. Se dispuso a tener un buen despertar; no se escucha ella misma, pero aun respira con el compás del marcapasos de tres ritmos; suspensión, vigilia y actividad. De repente sintió un sentimiento, algo como nostalgia que le hacia recordar algo, eso era señal de que no sabía que pasaba o la última fase de la limpieza mental no se había terminado completamente, en la última calibración cerebral en que borraron sus consuelos y apremios. Lo que la hacía diferente a los restantes miembros de Trípolis. Sus recuerdos los ahogaron en imágenes injertadas que eran menos inquietantes.

-Puede suceder hoy o hasta pasado, serán tres días y ¡No sé donde estoy!-

Cuando quiso levantarse, sintió que no regresaba a su cuerpo completamente, alzo una mano, se sentía pesada, como si tuviera algo que la detuviera y se frotó los ojos para ver si aun estaba viva (Y recordó el puesto que tenía en la trilogía -Técnico En Recepción Y Archivo Definitivo De Recursos Humanos (Sepulturera)- en cada movimiento que empezaba creía que no era ella la que despertaba hasta que lo logró, se fue a la ducha en la emoción del agua fría para ver si le quitaba el sopor.

Ella no era bonita, pero tenía un no sé que, que la hacia atractiva, probablemente solo era un gesto que no le habían borrado en la “masificación”, la última idea del gobierno trigarante para igualar a las tres facciones de la sociedad y desintegrar la individualidad. Puso la mano sobre la chapa y el sensor la reconoció. El cuerpo, metódico y en automático, la ingresó a su departamento que de inmediato empezó a auto condicionarse. Era el suyo, pero estaba truncado por una luz blanquecina que le recordaba los primeros instantes del sueño en que todo estaba igual, quizás solo un aroma a viejo que el aire acondicionado no terminaba de llevarse y fue suficiente para despertar su instinto de supervivencia, o la ausencia de música que ahora era suplida por un ruido de fondo entre mar y olas. Después de tanto tiempo, aún no se borraba su última estancia ahí. Fue a su guardarropa y se coloco un uniforme plastificado para irse a sus pruebas, aún no sentía hambre. Se había olvidado de los malos recuerdos y entrar no le causó emoción, había olvidado que sucedió ahí cuando la integraron a la trisomía de los nuevos entes, desde cuando la época en que se cambio el sistema binario a triario y hubo que reprogramar todo a los tres estados, si no neutro, prendido espera apagado, blanco gris negro, el concepto que revolucionó los ordenadores y creo una nueva programación para el genero humano que ahora podía estar; vivo, desconectado o muerto, si, no, quizás. Entro al triangulo inmenso del instituto neuronal y se registró, la computadora solo le indico que acercara el iris de su ojos mas cerca del lector y se bloqueó. Desconcertada, tomó el reporte de la impresora y salió a la calle. Ese reporte contenía la licencia que la identificaba y le permitía circular en las avenidas

-Permiso Clase AAA, ¡perfecto!-

Casualmente este día empezaría las Triosas, las tres jornadas de fiesta que se habían instituido para parar todo el sistema y reprogramarlo, eran tres días en que se evaluaba lo anterior y se programaban los nuevos “Trifactos”, las leyes que ordenan todo. Fue en esa transición, ese primer día de fiesta cuando ella se quedó sin reprogramar, algún fallo no coordino sus neuronas y se quedó entre el limbo de los dos estados; el estado intermedio del que tanto había oído cuchichear a los treos. Ahora tenía todas las prestaciones de cualquier miembro de la comunidad y además se empezó a dar cuenta que no estaba enajenada por los deberes que todos tenían programados, estaba en un limbo en que tenía donde vivir y no tenía labores asignadas, se había cancelado su labor de sepulturera y sin embargo aún tenia acceso a los centros de acopio, recuperación y deshecho. Se dedicó a recorrer las calles buscando gente que tuviera sus mismas características, una aquí, otra allá en la soledad de los límites de las zonas habitacionales, o los complejos industriales, en los tiraderos en que se almacenaban los productos a reciclar. Recordó su profesión y sintió repulsión a lo que hacia. Caminó sin sentido en las playas donde la marea dejaba zonas de nadie y hasta había uno que otro perro sobreviviente de “La conclusión de seres inútiles” ordenada por el consejo cuando se instituyeron las “triafactas”. Estos se habían adaptado a cazar y sobrevivir, ellos, los perros eran los que habían aprendido a distinguir entre los programados y los libres, quizás era un rasgo en la mirada o solo la manera de andar mas pausada, menos mecánica de los limpios, que por ningún motivo hacían contacto visual con nada que se moviera.

Mucho tiempo después, o no tanto, quizás solo fueran unos tres días, los empezó a encontrar. Los desprogramados antisociales se escondían entre los limpios para sobrevivir y cuando se hartaban, simplemente tomaban camino hacia las afueras de la ciudad. Siempre había oído comentarios sobre ellos:

-La utopía en la montaña existe, no podemos negar que vive una tribu en el monte, más allá de donde se oyen los aullidos, se dice que viven en solitud y que no conocen la electricidad, ni los transportes, son salvajes sin red neuronal triangulada-

Salió a caminar y se encontró con una alma gemela, era una mujer de mirada viva y facciones quemadas por el sol que salió a parearla, ella también había logrado evadir la “programación pro afasia” cuando su nacimiento se dispuso por el consejo. Siendo programada para efectuarse en solitario, fue separada de inmediato de sus otras dos hermanas, mismas que si fueron integradas a sendas colonias de adaptación para que desarrollaran las habilidades programadas en su óvulo y que por algún azar del destino no se había terminado de fijar en ella completamente. Cerró los ojos cuando el sensor pasaba la lectura y una parte de la programación neuronal pasó sin afectarla, se daba cuenta ahora que integrarse era una opción. Caminaron buena parte del día y llegaron a la orilla del bosque, era hora de regresar a la seguridad de su habitáculo pero su nueva amiga hablaba sin parar y la mantenía atenta:

-Mira, para cuando me di cuenta, vi que estaba acostumbrada a sentir una terrible soledad, fingir amistad y negar amor. Estar preparada es fácil en el cotidiano, uno corre encarrilado y suave, todo así sucedió, pero me creé para no estar sola-

-El tiempo siempre había pasado sin arrancarme nada y me convertí en un extrañadora, ya no hubo remedio, siempre que no estaba le buscaba un nicho bonito para tener su imagen mientras no estaba cerca, y cerca no es una valla que brincar. Siempre estuve más ocupada en dejar de hacer cosas que en olvidarlas, que no es lo mismo negarse que olvidarse. Y ahora ¿Como me veo? ¡Como estoy! Como el infierno de estar próximos sin intimidad con los demás, y dejar ser mis instintos en una escalera en que las cosas se suceden en  pequeños pasos y grandes escalones En un ni modo, para que las cosas sucedan, primero imagínatelas, vete a la orilla de la cama, levántate de a poquitos y grita a tu modo; Amor para la musa viva que me abandonó y quiero que lo sepan, aquí estuvo ignorada y ahora la extraño. Quiero quedarme estática, desahuciada y sin siquiera ojear, extrañar en silencio y ahorcarme unido a los recuerdos de cuando la disfrutaba inmensamente, la saboreaba, y la condensaba irremediable en el tiempo para acercarla en el espacio para hacerme más pequeña y cercana mientras testimonió mi caída, cuando yo la había creado. Y así, correteando mi futuro, me empiezo a desfigurar correteando atardeceres-

Eran frases aparentemente inconexas que le movían a seguir escuchando y solo responderle con pequeñas aseveraciones y gestos que expresaban algún grado de entendimiento y comprensión, pero aun no tenía la capacidad de digerir tantas ideas. Caminaban por el campo y recogía pequeñas frutas, como vallas de entre los matorrales, la plática con ella la llevó a la comida, algo que Estrella nunca había experimentado con placer, simple y llanamente no sentía nada al deglutir, saco un pedazo de pan de su bolso y le invitó a probar:

-Si comes lo que te gusta no tendrás molestias nunca.Ya ni modo, comete un pedazo grande, saboréalo de a poquitos, quítale todas las cascaras a la fruta, pélala hasta que quede encuerada y a modo de que ella te saboree-

-Y ni que, uno siente la melancolía y siente como se arruga la piel mientras se queda sola y expuesta-

Ella la dejó que experimentara y Estrella lo disfrutó inmensamente, como quien se desnuda, se quita la piel y empieza a germinar, entre las horas que, obscenas, se arrugan, se comprimen con su compañía ausente. Estrella sintió una sensación nueva, el cansancio, esa placidez que le permitía descansar más profundamente y amanecer dormida en un lugar desconocido donde aprendió a administrar el tedio leyendo. Leer era una capacidad inducida que tenia de origen y solo había usado esporádicamente en la ciudad para comunicarse con algunas pantallas colocadas en lugares ruidosos o donde se necesitaba privacidad. Y la lectura la despertó, hasta recordó las imágenes nocturnas que nunca había experimentado, “sueños” le dijo su amiga que se llamaban y era una pesadumbre que cargaba todo el día por las imágenes que no alcanzaba a entender, como si fueran realidad sin serlo, ese era el concepto de realidad aumentada del consejo que hacia las veces de divina trinidad antes que el trimurti llegara en la hipóstasis de una misma esencia. Leía y en la noche soñaba con las imágenes mentales que la lectura creaba.

-No es algo sensible ni siquiera insinuante, es solo un transcurrir entre la sensación de abandono y sentir como una mano te presiona el pecho para asustarte, solo para hacerte claudicar obsesionado por darle los buenos días a la taza de infusión de flores y hacerme la asustada-

Si no se puede liberar de sus angustias, porque desmadrar es un instinto que ella hace parecer talento, para tener un oponente digno, para despedirse como ciervo en la arboleda que supone que andar lento es hacerse invisible. El miedo también le atrae, le llena, le turba y también le muestra el camino. Los sueños cada día eran más reales y la atormentaban todo el día; Un niño se cae al rio y se ahoga entre las barcas en un día feriado, es algo que entristece a cualquiera y lo puede ver, sentir. Pero, ¿soldados de plomo ahogándose en metal fundido? O, tan solo el cariño que tiene una vaca que lame a su becerra y la hace despertar sudando

-¡Soy mi peor enemigo, peleando en un triángulo para binarios!-

Su obligación en el campamento era ir a caminar al campo para recoger comida y bayas. La verdad era que la enseñaban a estar sola. Un buen día, caminando lejos del campamento, se encontró con el cadáver de un trio que había huido de la ciudad y no sobrevivió, había casi olvidado su profesión, pero al olerlo, arqueó y vomitó enérgicamente hasta que se sintió purificada. Mucho tiempo estuvo junto a la muerte, pero esta vez fue diferente, ya no era indiferente ante ella. Ahora se sobrecogió al ver el rostro hinchado y las cuencas vacías. Con sus manos le cubrió con ramas y le prendió fuego, tomó de su bolsa el dispositivo de identificación que llevaba y lo coloco junto al cuerpo quemado, cuando lo activaran a distancia sería ella. Esa noche no pudo dormir pero, encontró alivio entre los compañeros del campamento. El camino de regreso a Trípolis era largo pero Estrella insistió en ir de vuelta a su ex ciudad, era como quitarse una expoliación que le urgía, la muerte era solo el camino que siempre tuvo cerca,

-Yo creo en ti-

Le dijo la rectora y bibliotecaria del campamento “Montaña” al despedirla. Sintió un llamado y agitada abandonó el reducto para regresar a su departamento de tres paredes, donde permaneció por tres días con sus noches, al tercer día desconectó los sensores, se había auto borrado la memoria implantada. Recogió sus pocas pertenencias para no ser identificada y poder regresar al alberge de montaña donde habitan los binarios. Ahí, el tiempo, parece que ya no transcurre.

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"Si son muchos, juyamos, si son pocos, prudenciemos, y si no nadie ¡adelante jijos de Cauila que pa morir nacimos!"